Escritura

bodas de luto

En 1982 el autor estuvo investigando en Almería, para un proyecto de película de TVE, aquellos acontecimientos que sirvieron de base a García Lorca para crear su famosa obra Bodas de Sangre y que también dieron origen a un popular romance que se escuchaba por toda Andalucía. Aún estaban vivos en aquel momento muchos testigos directos, entre ellos los dos novios, Francisca y Casimiro.
El trabajo fue exhaustivo y lo más importante para el autor, sociólogo, fue descubrir que la obra de Lorca, poética y maravillosa en tantos aspectos, no incidía en la presión social de una sociedad rural machista y en particular en el castigo paterno y de toda la comunidad a una mujer que quería ser dueña de sus decisiones y sus afectos. Estos aspectos fue lo que precisamente el autor destacó en un tratamiento cinematográfico que debía ser la base para el guión definitivo. Pero finalmente la película no se llevó a cabo.
Posteriormente el autor escribió una historia novelada situada en ese mismo año 1982 y en una Almería en la que se desarrollaban los invernaderos, la heroína hacía estragos, crecían las especulaciones inmobiliarias y nacían los grupos ecologistas. Una historia con muchos paralelismos con la que sirvió de inspiración a Lorca, con un triángulo amoroso y en la que una mujer no puede ser libre e independiente porque, en definitiva, es víctima del machismo tradicional de la sociedad.
Los tres materiales literarios, a) la investigación periodística, b) la narración poética y social -con vistas a una película- basada en esos hechos investigados y c) la novela de ficción conviven en este libro de manera independiente pero entrelazados de un modo poco convencional. Así los tres niveles literarios interactúan entre sí y ayudan al espectador a tomar distancia para juzgar mejor los hechos.

El director de cine y televisión Rafael Alcázar nos presenta esta magnífica novela a medio camino entre la ficción, el periodismo y el cine. Una novela en la que se destaca el secuestro de la libertad de las mujeres en el entorno de rígida autoridad paternal y la fuerte presión social y familiar de las comunidades tradicionales.
García Lorca escribió Bodas de Sangre tras tener noticia por los periódicos de un crimen pasional que tuvo una enorme repercusión. 54 años después, cuando aún vivían varios testigos importantes de aquella tragedia rural, el autor hizo una investigación de campo en la zona de Níjar con el objeto de realizar una película. Lorca ponía el acento en la pasión amorosa, pero a Alcázar le interesaba también mucho el contexto social, que sin duda revelaría claves significativas del asesinato. En Almería se encontró, además de unos personajes muy peculiares y de gran humanidad, con la lluvia de dinero de los invernaderos, el violento azote de la heroína, el nacimiento de las reivindicaciones ecologistas y, como él dice, “con un espacio dibujado para la tragedia”. Caldo en el que nació una novela de muchos paralelismos con la historia que investigaba.
El resultado es este libro, en el que se destaca el secuestro de la libertad de las mujeres en el entorno de rígida autoridad paternal y la fuerte presión social y familiar de las comunidades tradicionales. El autor proyecta una triple perspectiva de los acontecimientos con tres tipos también de escritura: la investigación periodística, el relato novelesco y la visión cinematográfica.

caballos de batalla

Diego Laínez, uno de los guerreros más conocidos en el Reino de Castilla murió en 1191 frente a las murallas de Acre, en Tierra Santa, defendiendo al Rey inglés Ricardo Corazón de León y a su señor, Don Enrique de Lara, heredero de las tierras de Lara, que también murió. Durante su ausencia, el hermano pequeño, Don Fabrique, arrinconó al viejo Conde de Lara y se hizo con el poder sembrando el terror en el condado. Al frente de sus tropas estaba Nuño Fierro, el temido “guerrero del Dragón”, rival y enemigo acérrimo de Diego Laínez. Tras la llegada de la funesta noticia, los nobles enfrentados a Don Fabrique, el usurpador, decidieron que ya no había por qué esperar y se levantaron en armas produciéndose la guerra civil.

La viuda de Diego Laínez, acosada por Nuño Fierro, huyó del condado con sus dos hijos. Ella se hizo cargo del pequeño y dejó a Sancho, de 12 años, bajo el cuidado de su hermano Froilán, herrero de Molina de Aragón. En cuanto desapareció su hermana Froilán arrojó a su sobrino Sancho a las cuadras.

Aparte de limpiar orines y cagadas, Sancho se ocupaba de cepillar y dar de comer a los caballos. Y esto sí que le gustaba. Les acariciaba, les hablaba continuamente, les curaba las llagas, etc. Muy pronto amaba ya más a los caballos que a los hombres. E igual les pasaba a los caballos, que manifestaban su alegría cada vez que notaban su presencia.

Sucedió un día que el temido Nuño Fierro llegó a Molina con uno de sus caballos malherido tras una batalla. Ordenó que fuera sacrificado, pero el pequeño Sancho le rogó que le dejara curarle durante unos días. Nuño accedió porque le hizo gracia el chico, aunque sin esperanza alguna de que lograse curarle. Pero para sorpresa de todos el caballo se recuperó de sus graves heridas. Esto llamó la atención de Nuño, que se dio cuenta que el chico tenía una mano especial con los caballos y le encomendó limpiar y dar de comer también a su otro caballo. Poco después, al advertir que su animal estaba mejor cuidado que nunca y que se ponía contento con la presencia del chico, le nombró su escudero. Esto concedió un estatus especial a Sancho, con mejor comida y mantas nuevas; pero no quiso dejar de dormir en la cuadra junto a sus queridos caballos.

Nuño y Sancho hablaban cada vez más, surgiendo entre ellos una curiosa amistad pero cada vez más profunda. Hasta el punto de parecer muchas veces padre e hijo. Cuando Sancho se dio cuenta del afecto que sentía por Nuño se suscitó en su joven ánimo un grave conflicto moral y emocional. ¿Como podía querer a un hombre cruel y feroz? ¿Cómo podía desear estar junto al hombre que había perseguido a su madre? ¿Cómo podía ser fiel al peor enemigo de su padre? Pero Sancho no encontraba respuestas. Parecía que sus sentimientos iban por un lado y su sentido de la lealtad y la moral por otro. Demasiado problema para un chico tan joven y huérfano. Al mismo tiempo en Nuño se produjo un gran cambio. Ahora era dos personas. Cariñoso y afable cuando estaba con el muchacho, feroz y temible como siempre cuando volvía con sus hombres.

Entretanto, Sancho queda deslumbrado por una jovencita campesina que ayuda a sus padres a vender fruta en el mercado de Molina. Cuando cogen más confianza la lleva a pasear en su caballo Tirandero, el animal al que curó y salvó de la muerte y que Nuño se lo había regalado.

El conflicto afectivo, ético y de lealtades se acrecienta en Sancho cuando la guerra civil llega a su punto culminante con la participación de mercenarios franceses y los árabes del reino de Cuenca. Nuño hace a Sancho responsable del cuidado de los caballos, con lo que el chico, pese a su edad, participa en las batallas, en retaguardia, con el bando contrario al de su padre, que siempre se mantuvo fiel al viejo Conde y a su heredero legítimo.

Aprovechando que por su habilidad para montar a caballo, hace también de mensajero, y agobiado por su sentido de la lealtad y el deber, Sancho pasa información clave al ejército leal al conde Don Gonzalo y con ella ganan la batalla decisiva y apresan a Nuño Fierro. La noche anterior a la batalla Nuño sospecha que Sancho le puede haber traicionado, pero tiene ya demasiado afecto por él como para hacerle algún daño. Esto crea muchos remordimientos en Sancho y, pese a los honores que le dispensan en la corte del castillo Condal por su valiente acción, cuando se entera de que van a enviar a Nuño a la muerte urde un astuto plan y le libera. Pero para lograrlo tiene que luchar con su ballesta como un adulto, junto a Nuño, y contribuir de manera decisiva a la muerte de un hombre…

Una novela de aventuras para todo tipo de lectores, incluidos jóvenes y amantes de los animales, que rompe algunos tópicos del medievo español, como el de la permanente enemistad entre moros y cristianos. Una novela de iniciación, cuya temática de fondo es el conflicto entre afectos y lealtades, entre el querer y el deber. Y sobre la dificultad de establecer la frontera entre el bien y el mal en muchas circunstancias, en particular cuando no hay adoctrinamiento previo. (Razón por la que se ha elegido protagonista a un muchacho huérfano y sin escuela).

el tiempo de las ilusiones sencillas

Rafael Alcázar, director de cine, realizador de televisión y guionista, recrea en El tiempo de las ilusiones sencillas la vida cotidiana en un pueblo castellano a finales de los cincuenta y describe, haciendo uso de un estilo sencillo y ameno lleno de matices que lo acercan a la cotidianeidad heroica de Miguel Delibes o al lenguaje despojado de Alberto Méndez, el pasado reciente de un país de luces y sombras que intenta sacar lo mejor de él mismo. Una novela sobre la amistad, la esperanza y el futuro que dibuja un retrato sentimental de la España de claroscuros berlanguiana.

No hace mucho que Rafa, un niño delgaducho de diez años, vive con su familia en el pueblo toledano de Villanueva y, sin embargo, siente que sus nuevos amigos, Lito y Adolfo, son los mejores que ha tenido en la vida. Juntos pasan las tardes entre chapas, cromos y retransmisiones de partidos por la radio. Matías Prats narra las victorias del equipo favorito de los rapaces, el Real Madrid, que está cosechando grandes éxitos en la competición europea gracias a una de sus figuras más estacadas: Alfredo Di Stéfano, la Saeta Rubia. El tiempo discurre apacible para estos niños que asisten juntos a la llegada del cine a los pueblos, los vítores y la emoción de los triunfos del balompié mientras descubren la pureza de la amistad y asisten juntos a la apertura de un país que empieza poco a poco a lamer sus heridas.

«Inicialmente esta historia, basada en anécdotas y vivencias de mi infancia, tenía como propósito un guión de cine divertido, emotivo y cercano al realismo mágico. La escritura del libro me ha dado la oportunidad de aportar detalles que dan mucho más sentido y profundidad a la historia y, sobre todo, poder detenerme en los variados matices de los personajes. En todo caso los recuerdos de aquel pueblo castellano siempre me aparecen en forma de imágenes llenas de colorido y envueltas en olores irrepetibles como el de aquella trastienda de ultramarinos donde escuchábamos por la radio los partidos del Madrid o tan embriagadores como el olor del trigo verde de aquel mayo luminoso de finales de los cincuenta.»